Berlin’s Museums: An Experiential Learning Path. Curso de formación docente

 


A menudo, la gente que me rodea me pregunta si realmente compensa realizar un curso de formación durante las vacaciones. Mi respuesta suele ser siempre la misma: las formaciones Erasmus+ ofrecen una experiencia difícil de encontrar en otros contextos. Permiten conocer nuevas disciplinas, enriquecer nuestra práctica docente, descubrir otras ciudades europeas y compartir experiencias con compañeros y compañeras procedentes de diferentes sistemas educativos europeos con los que compartes la apasionante tarea de trabajar en educación en Europa. Ese intercambio no tiene parangón. Por eso, cuando la formación merece la pena, dedicar una semana del verano a seguir aprendiendo puede ser una inversión que permite regresar al aula con una mirada más fresca y renovada, la mentalidad más abierta, con nuevas herramientas y muchas ganas de experimentar. Me traigo en la maleta, de hecho, ideas para el curso que está por comenzar. 




Este verano he participado en Berlín (Alemania) en el curso “Berlin’s Museums: An Experiential Learning Path”, celebrado del 20 al 25 de julio. La formación ha combinado el “aprendizaje basado en los museos” con el uso de herramientas digitales, el intercambio de experiencias e ideas entre docentes y las visitas a algunos de los espacios culturales más representativos de la ciudad: el Neues Museum, la Neue Nationalgalerie, el Hamburger Bahnhof y el museo Alltag in der DDR, dedicado a la vida cotidiana en la antigua República Democrática Alemana. El curso completó su programa con un par de recorridos culturales e históricos: uno, por Berlín y otro por Potsdam.




Una de las principales ideas que me llevo de esta experiencia es que no es necesario ser profesora de Educación Plástica o de Historia del Arte para trabajar con el material que se aloja en los diferentes museos. El patrimonio cultural puede formar parte de cualquier aula cuando se aborda desde una perspectiva competencial e interdisciplinar. En mi caso, además, el curso me ha permitido acercar dos ámbitos que me apasionan especialmente: la educación y la cultura.






A lo largo de la semana aprendimos diferentes maneras de convertir una visita a un museo en una verdadera experiencia de aprendizaje para nuestro alumnado desde cualquier materia. No se trata únicamente de observar obras, leer los títulos o escuchar las explicaciones de una audioguía o una guía, sino de producir: hacer preguntas, establecer conexiones, interpretar imágenes, debatir, crear relatos y utilizar el patrimonio cultural como punto de partida para trabajar el pensamiento crítico, la creatividad y la comunicación. En enseñanza de idiomas, cuando el reto es completar una unidad de un libro y hacer un examen de manera sucesiva hasta el final de curso, no hay contexto para recibir el input, no hay reto ni para el/la docente ni para el alumnado, no hay descubrimiento, no hay profundización, no hay interacción ni posibilidad de ampliación. Los museos nos ofrecen contextos diversos, con significado y que nos permiten comprender, anticipar, conectar y repasar. El museo convierte al alumnado en sujeto interactivo por lo que la idea es que no solo reciba información sino que piense, que reaccione, que imagine, que sienta, responda, conecte y que sobre todo sea partícipe de la construcción del conocimiento y el significado. 



Mientras avanzaba el curso, no podía dejar de pensar en el extraordinario patrimonio cultural que tenemos en Cáceres y, especialmente mi mente se fue a mi museo favorito: el Museo de Arte Contemporáneo Helga de Alvear. Esta formación en Alemania me permitió imaginar diferentes propuestas para desarrollar destrezas lingüísticas y competencias clave con mi alumnado de Educación Secundaria. Ya he visualizado lo aprendido: descripciones orales, escritura creativa, debates, relatos inspirados en una obra, actividades de mediación, podcasts, audioguías o proyectos de investigación.


También pensé en las posibilidades educativas de otro de mis museos favoritos “en Cáceres”: el Museo Vostell de Malpartida de Cáceres. Por supuesto también pensé en otros espacios culturales de nuestro entorno. Y es que, en realidad, la mayoría de las estrategias pedagógicas trabajadas durante el curso pueden adaptarse a cualquier museo y a prácticamente cualquier materia. El arte puede ser el punto de partida para aprender idiomas, comprender un periodo histórico, analizar cambios sociales, analizar datos, medir estructuras, calcular volúmenes, estudiar conceptos científicos o reflexionar sobre cuestiones éticas, morales y medioambientales.


Ha sido una formación muy inspiradora, marcada por la creatividad, el pensamiento crítico y el intercambio profesional. Sinceramente espero poder trasladar al aula algunas de las técnicas aprendidas durante el próximo curso y que mi alumnado disfrute explorando, interpretando y creando tanto como yo he disfrutado durante estos días del mes de julio. 




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